Hamburguesa doble para el señor

 
Un día de verano, apetece comer una buena hamburguesa. Yo aprecio la hamburguesa casera, y aunque hay que tostar los panecillos, cortar el queso, el tomate etc. y preparar y hacer a la plancha la carne, sigue siendo comida rápida.
 
M. la quiso doble de carne. ¿Por qué? Porque siempre prefiere más a menos. Se dio cuenta de que se había pasado cuando le puse el plato delante: una torre con dos piezas de carne dentro rematada con un pincho decorativo con pepinillos. Al lado, unas cucharadas de ensalada de repollo. Pero en vez de reconocerlo, me dice: "¿Para qué pones cuchillo? No hace falta cuchillo..." Así que le quitó el pincho decorativo, la cogió y pa' dentro. Una saturación de carne. ¿Que qué hizo con el pincho? En épocas primitivas lo habría tirado al suelo con desdén, por si lo quisieran los perros... Pero hoy lo deja a un lado del plato y al final se lo come.
 
No quiero pintar a M. como un bruto, porque ni mucho menos, pero a veces afloran cosas como de la noche de los tiempos. Y yo las rechazo como si fuera la princesa del guisante. Por ejemplo, comer sin camiseta. Eso no se lo permito. Me importan un pito las normas en la mesa, pero si se sienta desnudo de cintura para arriba ¡eso jamás!. Una ridiculez, y me siento mal cuando me oigo decir "¡Ponte una camisa, por favor!". Me parece que le estoy exigiendo chaqueta y corbata. La última vez volvió con una camiseta de Radio Filispín, no sé si a modo de protesta. ¿Por qué me molesta tanto? ¿Debería atraerme la idea de comer frente a un hombre con el torso desnudo? En abstracto, puede ser algo tentador... como los hombres con camisetas de tiras. La distancia entre lo que imaginamos y lo que suele ser en realidad, es como una docena de huevos que se rompen al unísono. Las ideas se rompen como los huevos. Lo que queda es...
 
Las fotos no le hacen justicia: desde arriba no parece tan alta
 
Ahora, la receta:
No compramos pan especial para hambuguesa (es muy dulce y blando), pero al menos compramos unos panes redondos que están bien. O sea, la hacemos a la gallega. Como las hacían antes en los comedores universitarios y en los bares.
 
Así que me puse a ello: tenía bastante carne picada, de una lasaña que hice mucho más pequeña de lo previsto. Para una hamburguesa grandecita, 125-150 gr bastan. Salen menos densas que las de Mac ******* y B***** King, o sea, más gordas y jugosas. Las de esas cadenas siempre me parecieron de cartón, pero creo que son algo mucho peor que eso (Jamie Oliver ha aclarado el asunto). Mejor de ternera, aunque yo hoy tenía mezcla de ternera y cerdo. Sólo hay que hacérlas más.
 
Mezclé la carne picada con abundante sal (le hace falta), pimienta molida, un poco de perejil picado y un chorrito de salsa Perrin's. Puse a calentar una plancha acanalada con un chorrito de aceite. Después corté el queso (de bloque, algo ahumado) y un par de tomates en rodajas. También corté en dos cada bollito de pan. Cuando la plancha humeaba  fuego vivo, puse las hamburguesas. Las dejé 3 minutos por cada lado, pero esto depende del gusto de cada uno; menos de 2 minutos quedarán crudas, y si al aplastarlas con la espátula no sale nada de jugo, es que te has pasado.
 
Al darles la vuelta, hice sitio para tostar la parte de abajo de los panecillos, con el corte hacia la plancha. Le di la vuelta al pan, puse el queso, encima la hamburguesa y unas rodajas de tomate. Tosté un poco la parte de arriba de los panecillos, en la misma plancha, claro, y terminé las hamburguesas. Las comimos con ensalada de repollo crudo, zanahoria, pimiento y yogur, hecha el día antes.


Comentarios