Baba al ron, esa maravilla

 
... esa maravilla pasada de moda, pero exquisita. Estos dulces con historia me emocionan (dentro de lo que cabe). Son humildes, baratos, de los que más vale maña que fuerza. Suena a babuska, a abuelita, y los bizcochos borrachos son cosa de las abuelitas. Napolitano o francés, no lo sé, así que no le pongo etiqueta.
 
Lucen más en moldes individuales, y por supuesto hay moldes especiales (como flaneras pequeñas, o de silicona de Lékué) que yo no tengo ni pienso comprar, porque empiezan a acumularse sin sentido en las alacenas.
 
Usé la bandeja para magdalenas con 12 huecos que compré hace mucho en Ikea, y salen un poco grandes, pero vale. Sobra un poco de masa, podrían hacerse 16.
 
Vi que se sirven del revés, por eso son más bonitos los que tienen forma de cono, no de seta, que en mi opinión subieron demasiado.
 
La receta la saqué del Manual de cocina (recetario) de la Sección Femenina, la edición de 1960, algo retocada para poder usar un robot de cocina.
 
 
Ingredientes:
- 225-250 gr de harina de fuerza
- 25 gr de levadura fresca de panadería
- 60 gr de azúcar
- una pizca de sal
- 100 gr de mantequilla
- 50 gr de leche entera
- 3 huevos
 
Para el jarabe de ron: 100 ml de agua, 200 gr de azúcar, 1 copa de ron tostado, cáscara de naranja y de limón
 
Aunque usé el robot, es muy fácil hacer la masa con unas palas para montar o con un batidor de mano. Es menos pegajosa que el brioche y no necesita tanto amasado.
 
Precalenté el horno a 180 grados.
 
Calenté la mantequilla y el azúcar durante 1 minuto, 40º, velocidad 4. Añadí la leche y la levadura desmenuzada y batí 10 segundos, velocidad 4. Con la máquina batiendo a velocidad 4, añadí los huevos uno a uno. Luego eché la harina y la pizca de sal y batí 10 segundos a velocidad 3, luego 30 segundos en velocidad amasado. Queda con una consistencia parecida al brioche, blanda y correosa.
 
Preparé los moldes con papeles de magdalena (para desmoldar más fácilmente) y los llené 2/3, para acabar la masa, pero es mejor llenarlos hasta la mitad.
 
Cocieron en el horno durante 20 minutos, hasta que estuvieron bien dorados.
 
Los saqué y los dejé enfriar un poco en el molde. Mientras, preparé el jarabe: puse a hervir el agua y el azúcar a fuego moderado, durante 5 minutos. Añadí el ron y las cáscaras y dejé que levantara el hervor, apagué.
 
En cuanto pude tocarlos, les quité el papel a los pastelitos y los volví a poner en los moldes. Eché una cucharada de jarabe por el borde de cada molde, luego otra por encima y repetí. A cada pastel le corresponden 4-5 cucharadas, y queda borracho pero tampoco chorreante.
 
Crítica:
La gracia es que no es un bizcocho normal, sino una especie de brioche-soufflé. Lleva más huevos, es más ligero, y el jarabe de ron le da el dulzor justo. A mí me encantaron, pero reconozco que son un poco grandes.
 

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